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Publicado February 18, 2019

Cambiándome a mí misma, cambiando el mundo

Cómo mi experiencia como au pair cambió mi vida

Por Melanie Ventura

Hoy es 24 Octubre de 2016, estoy en un avión de la Ciudad de México a Nueva York. Incluso en este momento todavía no acabo de procesar dónde estoy. ¿Estoy nerviosa? ¿Estoy emocionada? ¿Acaso estoy lista? No tengo idea de lo que me espera, pero deseo desde el fondo de mi corazón, que todo lo que venga sea bueno. Voy a vivir con una familia en Boston que tiene dos hijos, uno de 8 y el otro de 11.

 

Ahora han pasado casi dos años, es Septiembre de 2018. Mi programa terminará en tres días. Todas mis cosas están empacadas y estoy durmiendo en una cama inflable porque alguien más está durmiendo en mi cuarto – ¿O, será su cuarto? – Ni siquiera puedo voltear a ver mis cosas sin llorar. Otra vez tengo miedo. Aquí he construido una vida, una familia, un hogar, una nueva versión de mí misma… Y ahora tengo que dejarlo todo atrás para empezar de nuevo. No soy la misma persona que llegó hace dos años, y por eso no puedo esperar que las cosas sean igual que en 2016.

 

En mi país, México, viví toda mi vida en una pequeña ciudad donde todos se conocen entre todos. Pasé 18 años de mi vida siendo ¨la hija¨, ¨la nieta”, ¨la hermana” de alguien más. Realmente nunca tuve la oportunidad de presentarme como yo misma ante otros, porque siempre había alguien que conocía a alguien de mi familia y por ende me compararía con ellos.

 

Pero aquí fue diferente. Cuando llegué a Estados Unidos y pisé la Training School (la escuela de entrenamiento de Nueva York) lo primero que hice fue respirar profundo y dije ¨Hola, soy Melanie¨. Y fue así que la historia de mi vida cambió para siempre. A partir de ese momento sería conocida como la persona que yo quisiera y la gente me reconocería simplemente por las cosas que haga o diga. Por fin, pude empezar a descubrir quién soy y qué me hace única y especial.

Cuando por fin llegué a la casa donde viviría, fui a mi cuarto a desempacar y poner todo en ¨su lugar¨. Ahí me decidí a tirar a la basura todas mis inseguridades. En sólo 23 meses, ese cuarto me vio evolucionar en maneras que jamás me hubiera imaginado. Fui de un capullo – alguien que siempre se sintió insegura sobre su cabello y su cuerpo- a una mariposa. Una mujer que a veces ni se veía al espejo antes de salir porque se sentía confiada y segura de sí misma. Y sobre todo porque dejé de sentir que necesitaba impresionar a los demás.

 

Empecé a hacer ejercicio y perdí mucho peso. Cambié el color de mi cabello unas mil veces (en específico me hice rubia, algo que siempre quise hacer pero no me sentía con la confianza) Cambié mi forma de vestir a algo con más estilo, después regresé a los pants y las sudaderas (porque ¡Qué comodidad!) Incluso empecé a irme en pijama en las mañanas para dejar a los niños en la escuela. No estoy segura cómo pasó pero me empecé a sentir muy cómoda conmigo misma. Incluso mis seguidores en Instagram cambiaron. Fui de tener 40 (que estoy segura 10 de ellos eran cuentas falsas) a casi 2,000. Dos mil personas que por alguna razón encontraron un interés en lo que hacía y tenía que decir. Esto pasó porque Cultural Care me dio la oportunidad de usar sus cuentas de redes sociales, a lo que llaman “takeovers”, en Snapchat, Facebook e Instagram (este último fue el que más seguidores me dio)

 

Regresando a noviembre de 2016. Ha pasado un mes desde que llegué. Extraño mi casa y mi país, y me siento muy confundida. Cuidar niños tiempo completo es más difícil de lo que creí. ¿Cómo es posible que un niño grite tanto porque se le rompió su juguete? Cómo me encantaría decirle ¡Supéralo!. Pero por supuesto que no le diría eso, así que me acerqué a él y le dije: ¨todo va a estar bien, incluso si es difícil tienes que enfocarte en lo bueno y seguir viendo para adelante¨. Esas fueron las palabras que le dije a mi host kid porque se le rompió su juguete, pero la verdad es que me lo estaba diciendo a mí misma. Me di cuenta del enorme poder que tienen mis palabras y cómo todo puede cambiar si veo las cosas con otra perspectiva. Decidí seguir mi propio consejo: Enfocarme en lo bueno y siempre ver para adelante.

 

Después de muchas dificultades y retos ¡logré llegar a Septiembre de 2018! Nunca me he sentido más fuerte. Me siento muy entusiasmada por lo que viene. En estos dos años salí tanto de mi zona de confort que ya no sé ni dónde es. Me siento tan agradecida y feliz por todo lo que ha pasado en mi experiencia como Au Pair:

 

  • Me convertí en la Au Pair del Año 2018. Un premio que Cultural Care le da a una persona cada año. Las familias de todo el país nominan a su Au Pair escribiendo un ensayo sobre ellas diciendo por qué se merecen ganar. Después, Cultural Care elige a 10 finalistas y luego a ¡la ganadora!
  • También me convertí en una embajadora. Pertenezco a un grupo de Au Pair que ayudan a otras en su proceso para llegar a Estados Unidos, o a gente que ya está en el país pero no se siente muy bien. Además los embajadores organizamos reuniones y trabajamos juntos para que todos en la comunidad de Au Pair se sientan bienvenidos y apoyados.
  • Cuando fue el terremoto de la ciudad de México en 2017 decidí hacer una colecta de fondos para ayudar a las víctimas. Lo que hice fue ofrecer un dibujo o caricatura de cada persona que donara dinero a alguna asociación que estuviera ayudando a México, todas asociaciones sin fines de lucro.
  • ¡Y lo mejor! Hice mi sueño de ir a Disneylandia realidad ¡DOS VECES! Mi host family hizo mi más grande sueño una realidad por dos años seguidos. Soy la fan de Disney más grande que hay.

Como recuerditos de mi experiencia en este país tengo: Una cicatriz en mi ombligo tras una cirugía, todo un atuendo que dice Cultural Care (una mochila, chamarras, una gorra, varias playeras, y dos pins que dicen “Ambassador of Cultural Exchange”, todo esto lo conseguí después de todos los eventos en los que participé) Orejas de Mickey del MEJOR viaje de mi vida. Conocí al amor de mi vida (con quien me voy a casar). Un lindo reconocimiento que dice “Au Pair of the Year”. Y lo más importante, el amor inmenso de dos niños que cambiaron mi vida, mis dos host kids.

 

Si esto fuera 2016 y alguien me estuviera diciendo todo lo que lograría al finalizar mi experiencia como Au Pair, la verdad es que me costaría muchísimo trabajo creerlo. Porque al final del día ¿cómo puede ser que una niña con falta de autoestima como yo podría llegar a lograr todo eso en dos años?

 

Realmente no he logrado resolver esa incógnita. Pero sí sé que todo lo que hice en estos 23 meses vino desde el corazón. Empecé a amarme a mí misma y a todo lo que me rodea tanto como pude. Encaré mis miedos, exploré el mundo e hice amigos de TODO el mundo. Jugué baseball por primera vez, hablé inglés sin miedo a equivocarme (aunque definitivamente me equivoqué miles de veces). Le dije “hola” a ese pelirojo en esa cafetería. Me subí a la caminadora, canté en karaokes, y sobre todo, empecé a decir que SÍ. Sí a vivir, sí a amar, sí  a mí. Hice todo lo que pude para enseñarles a mis niños que todo es posible si trabajas duro, e intenté mostrarles con mi ejemplo que incluso una persona cualquiera puede hacer un impacto enorme en el mundo – y juntar más de 5,000 dólares por ejemplo, para ayudar a un país después de un terremoto- todo con perseverancia y persistencia.

 

Ahora, mi historia está siendo leída por muchísima gente que viene a este país en busca de aventura. E intento inspirar a tanta gente como puedo con decirles que si trabajan duro y confían y tienen fe, todo será mejor de lo esperado. Ser una Au Pair para nada fue fácil, y me caí muchas veces, pero me mantuve motivada sabiendo que al final, todo sería para bien. Todos los días, le recordaba a la niña insegura que vale mucho la pena y merece ser muy feliz.  Sin duda, esto ha sido lo mejor que he vivido.

 

Estados Unidos es un país que tiene muchas oportunidades, así que yo tomé la mía para transformarme en la persona que siempre quise ser. Cambié para poder cambiar al mundo.


Mi nombre es Melanie. Nací y crecí en una pequeña ciudad llamada Irapuato en Guanajuato, México. Tengo 21 años y he estado viviendo en este país por más de dos años y medio. Soy una artista, una ilustradora y una soñadora empedernida. La vida para mí es una aventura y me siento muy honrada de poder compartir mi historia e inspirar a mucha gente a seguir sus sueños.

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