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Publicado December 24, 2018

Navidad como un Au Pair

Acogiendo nuevas tradiciones al tiempo que honras las tuyas.

Por Ania Szypryt

Todos los que eligen ser au pairs piensan por lo menos una vez en el período de Navidad. Tener dudas es normal: ¿Sentiré nostalgia? ¿Qué pasa si mi familia anfitriona tiene tradiciones diferentes o una religión diferente a la mía? ¿Qué tan solo me sentiré?

 

¡A partir de mi experiencia puedo contarles que no todo es blanco y negro! Como embajadora, tuve la oportunidad de hablar con muchas personas diferentes sobre este tema y aprendí que la mayoría de las veces, el problema era que muchas familias anfitrionas no celebran la Navidad de la misma forma o no son tan religiosas como un au pair. Cada vez que escuchaba eso, contaba mi experiencia.

 

Empecemos desde el principio. Crecí en una familia cristiana, donde el período de Navidad es muy importante. Ahora que todos mis abuelos han fallecido, pasamos la Navidad los tres solos cada año (soy hija única). ¿Pueden imaginar lo difícil que fue para mí partir sabiendo que mis padres quedarían solos? Ese fue el único problema real que me hizo pensar mucho en toda esta aventura. Más tarde resultó que los dejé en Navidad dos veces porque decidí extender mi estancia.

 

En realidad, en el encuentro con las familias anfitrionas no presté atención a la religión porque la idea principal es participar del intercambio cultural. Sabía que era una cuestión mía personal, pero las familias también deben tener una mentalidad abierta respecto de nuestras ideas y tradiciones para que sea un momento divertido para ambas partes. Después de hablar con los niños y conversar con una familia de Colorado, tuve un buen presentimiento. Me sorprendió mucho cuando Kara (entonces mi futura madre anfitriona) me preguntó si leía la parte de la solicitud que tenía que ver con la religión. Yo estaba un poco confundida, pero ella sólo quería asegurarse de que estaba al tanto de que eran judíos. Cuando me di cuenta de que podría ser un problema, me asusté. Nunca quise que nadie se sintiera mal. Tener una mente abierta es clave. Con esa actitud, no dudé en elegir a esa familia como anfitriona.

 

Mi primera Navidad en Estados Unidos

 

Todavía recuerdo mi primer domingo con la familia. Kara se acercó a mí y me preguntó si había algún servicio al que deseara asistir, dado que era domingo y había otras celebraciones (llegué en Agosto y en Estados Unidos la cuenta regresiva para la Navidad estaba a punto de empezar). Hablamos un poco sobre cómo es por lo general en nuestras familias y nos llevamos bien. Ambas tuvimos prácticamente la misma experiencia y opinión. Yo sólo pregunté si estaba bien mostrar a los niños alguna de mis actividades favoritas y si estaría bien tener un árbol de Navidad.

 

También tuve una amiga, Kasia, en San Diego, que llegó para estar con su familia anfitriona a fines de octubre. Pensamos que sería una buena idea pasar nuestra primera Navidad en América juntas. Les pregunté a mis padres anfitriones si estaba bien que ella me visitara ese fin de semana, especialmente porque ellos no estarían. Aceptaron sin dudarlo.

 

Una noche, justo después del Día de Acción de Gracias, mis niños entraron corriendo a mi cuarto. Al principio no sabía qué estaba pasando: de la emoción, hablaban rápido y los dos a la vez. Me dieron un árbol de Navidad que ellos mismos habían decorado unos minutos antes en el piso de arriba. Su proyecto secreto funcionó. Me conmovieron y les di muchos abrazos. Ese gesto significó mucho para mí, me sentí muy querida.

Unos días después decidí mostrarles lo que hacemos en Polonia el 6 de diciembre. Cada año, mi familia y yo celebramos a San Nicolás. Todos los niños que quieren recibir regalos deben limpiar sus zapatos y alinearlos. Mis niños no conocían esa tradición. Estaban muy entusiasmados, pero les recordé que el carbón es una opción para los niños que no escuchan 😉

 

En 2016, Hanukkah y Navidad se superpusieron, por lo que fue divertido estar con la familia y también ver cuán parecidas y cuán diferentes son nuestras costumbres. En ese momento, mis niños tenían 4 y 6 años, y habían estado haciendo muchas preguntas y tratando de entender qué sucedía con esas festividades. Se preguntaban por qué nunca antes habían tenido un árbol de Navidad y por qué nunca antes habían encendido velas en una menorá. Los niños me mostraron sus libros y cómo jugar con dreidels. Escuchamos canciones y coloreamos un calendario de adviento. Mi mamá nos envió chocolate para que los niños y yo comiéramos todos los días después de la escuela. Todo fue muy emocionante.

La noche anterior a la víspera de Navidad , pasé la prueba de mi licencia de conducir ¡y finalmente pude conducir! Fue un muy buen regalo de Navidad. Kasia voló a Denver y mi otra amiga y yo fuimos en auto al aeropuerto en medio de la noche para recogerla. Al día siguiente, una vez que todos despertaron, la presenté a mis padres anfitriones.

 

Me encanta cocinar, entonces esa mañana horneé el típico pan de jengibre que mi abuela solía preparar. Ya tenía pierogi polaco con chucrut y hongos. Luego fuimos al centro para hacer una caminata. Para esa hora, todos en Polonia ya estaban sentados a la mesa para la cena familiar. En Polonia empezamos la Navidad el 24 justo después de que anochece, cuando brilla la primera estrella.

 

Más tarde, Kasia y yo nos encontramos con mi amiga Lisa. Su hermana y dos amigas estaban de visita por Navidad. Todas bebimos chocolate caliente, intercambiamos abrazos y buenos deseos. Fue un momento encantador para todas.

 

También recibimos una invitación para la cena de Navidad de la familia anfitriona de una de mis mejores amigas au pair. Tanto Kasia como yo tuvimos la oportunidad de disfrutar de su hospitalidad, y ellos nos recibieron con una cálida mesa. Se sentía sentí como casa.

Estoy muy agradecida por eso y feliz de que hayan tenido esa idea. Me ayudó a no pensar tanto en casa. Mientras estuve con Kasia, mis pensamientos estaban en Colorado y no lidiando con mis dudas sobre si hacía lo correcto quedándome y no visitando a mi familia en Navidad.

 

La segunda Navidad

 

¡Mi segunda Navidad en Estados Unidos fue absolutamente increíble! Pasé la mañana de Navidad en la casa de los padres anfitriones de mi amiga Alex, donde desayunamos de maravilla (los mejores panecillos de canela que jamás haya comido) y jugamos con sus hijos anfitriones mientras abríamos los regalos que estaban alrededor del árbol de Navidad.

 

Al mediodía, Alex y yo fuimos a Starbucks a beber chocolate caliente con nuestros amigos de Argentina, Colombia y Alemania. Hicimos un intercambio de regalos de Papá Noel secreto y pasamos el tiempo charlando y compartiendo nuestras vivencias de Navidad. Para algunos de nosotros era la segunda Navidad en el extranjero. También nos escribimos notas simpáticas. Fue un regalo maravilloso que aún conservo. Cuando tengo un mal día, siempre vuelvo a esos recuerdos y leo esas tarjetas.

Tener amigos au pair es genial, pero tener amigos americanos es una bendición. A mis amigos americanos se les ocurrió organizar una comida improvisada, y como a mí me gusta cocinar para los demás, ¡me pareció una idea genial! También invité a otras chicas (sus familias también son judías). Esa reunión fue muy importante para todos.

 

De fondo sonaban villancicos navideños y había mucho chocolate caliente. Esa cena con ese increíble grupo de amigos hizo que ese momento fuera especial e inolvidable. La noche siguiente todos fuimos a los jardines botánicos de Denver para celebrar el festival de la luz. Nevaba y hacía frío, pero disfrutamos del ambiente y la compañía del otro. Fue una gran distracción y no pensé en lo mucho que extraño a mi familia ni lo mucho que deseo estar con ellos. Esas personas me hicieron sentir feliz y querida. Tampoco me alcanza el tiempo para agradecerles.

 

No importa lo lejos que estés ni dónde se encuentre tu hogar, lo que importa es encontrar personas que te hagan sentir como en casa. Las personas que se preocupan por ti también son tus amigos, y puedo decir que todas esas personas que conocí me tratan como familia. Y ahora que estoy de vuelta en Polonia, los extraño cada día. ¡Espero algún día poder reunirlos alrededor de mi mesa navideña!


Soy Ania, una exau pair en el colorido Colorado. Estudié italiano y cultura. Ahora soy profesora de inglés e italiano, una rata de biblioteca y adicta al café. Con fluidez repito citas de películas y sarcasmo. Me encanta viajar y cocinar para mis amigos. Te sorprenderé con algunas curiosidades. Cuando no estoy leyendo, planeo mi próximo viaje y me pregunto cómo hacer realidad mis sueños.

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