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Publicado June 20, 2019

Las realidades de la vida au pair

Aceptando los momentos locos y complicados

Por Lotte Fincken

Empecemos por el hecho de que soy feliz, creo que más feliz que en mis veinte años de vida. He sido au pair por más de 9 meses y disfruto casi cada momento. Puedo decirte que todo será maravilloso… que el aire huele a rosas y dulces, los niños escuchan todo el tiempo, que haces muchos amigos y que no luchas contigo mismo nunca. Bueno, esa no es mi historia, aunque tal vez sea la de alguien.

 

En cambio, quiero contarte mi historia sobre ser una au pair. Se trata de una vida revuelta, loca y atareada. Pero en este pequeño mundo en el que vivo, estoy rodeada de estas pequeñas criaturas que yo llamo mis niños anfitriones. Tengo 3 niños anfitriones a quienes quiero mucho, y sí me vuelven loca a veces. Y es algo totalmente natural, los niños son niños.

 

Antes de venir, asegúrate de estar preparado para ese desafío. Yo siempre fui buena con los niños. Di prácticas de hockey durante 6 años e hice prácticas en una escuela primaria. Pero ser buena con los niños y cuidar a niños son dos cosas diferentes. Ser la chica que cuida niños una o dos horas por día no es lo mismo que ser la persona que los cuida 45 horas a la semana y vive con ellos. ¡Esa es una gran diferencia! Así que pregúntate seriamente a ti mismo: ¿estoy listo para amar, cuidar, limpiar y ayudar a los niños? Porque debes estar listo para ello.

Las realidades de la vida au pair

Mi niño anfitrión menor sufre de mareos, por eso cuando lo sacamos en carro, llevamos una bolsa por si vomita. Permíteme dejar algo en claro: antes de venir a América, me hubiera indispuesto si uno de mis amigos vomitaba. No era la amiga que le sostenía el cabello a alguien en ese estado; más bien era la amiga que corría al cuarto contiguo.

 

A menudo mis niños anfitriones vomitan en el carro y es la misma rutina cada vez. Limpiar el vómito, sacarle de su asiento, quitarle sus ropas y ponerle nuevas, limpiar el asiento del carro y reponer la bolsa para vómitos. Ni una vez sentí náuseas ni me sentí enferma mientras limpiaba el vómito. Y permíteme decirte que a veces se vuelve realmente complicado. ¿Por qué suelto su cinturón de seguridad si está todo bañado en vómito sin sentir repugnancia? Porque quiero mucho a ese niño, no importa lo asqueroso o desagradable que pueda ser. Seguiré limpiando ese asiento otra semana, otro mes, otro año.

 

Algunas cosas son difíciles cuando trabajas con niños, pero eso hace que aprecie más los pequeños momentos de pura felicidad, como cuando los tres niños van en la parte trasera del carro cantando de camino a la escuela. Escucho sus carcajadas y observo sus sonrisas por el retrovisor. Ese es el puntapié de otro gran día.

 

Entonces, ser au pair es divertido, y vives un país y una cultura nuevos. Pero al final del día, cuando los niños están dormidos y los platos limpios, pienso en mi día. Alguien vomitó, alguien gritó, alguien lloró y algunos se golpearon. Reímos, nos divertimos y jugamos fútbol. Esta es mi caótica vida y amo cada segundo de ella.

 

Tomar la decisión y aprovechar la oportunidad es un riesgo que tomarás como persona. ¿Será para ti cuidar de alguien que no seas tú mismo? ¿Puedes cuidar y amar a niños que no estén relacionados contigo de alguna manera? Mírate al espejo y pregúntate: ¿Podría limpiar vómitos todos los días?


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